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El niño Buda


El fin de semana vi en la tele un documental sobre el niño Buda, un chavito de 15 años que a los 6 le dijo a su mami: mami soy la reencarnación de Buda, a los 15 años me iré a meditar durante 65 años sin comer ni beber.

Al niño se le educó en templos budistas desde esa edad y un buen día comenzó la meditación. Este programa se enteró de tal suceso cuando el niño ya llevaba 10 meses sentado bajo un árbol sin supuestamente beber ni tomar alimento.

La filosofía budista dice que el niño simplemente con concentración manejaba su cuerpo para que éste no desarrollara ampollas ni quemaduras, que se alimentaba del aire (literalmente) y lo volvía energía dentro de sí y que el agua la absorbía por la piel de la humedad de la tierra y del ambiente.

Se pusieron cámaras frente al niño durante 6 días continuos para demostrar si en realidad el niño no recibía ayuda, o agua de algun sitio, está comprobado que el cuerpo humano lo más que soporta sin alimento son 46 días , pero sin agua solo 5. Así estuvieron las cámaras y sorpresivamente, el niño ni siquiera abrió los ojos, solo de pronto se acomodaba, sudaba, rezaba pero nada de comer o beber. Su piel no estaba deshidratada, sus labios ni siquiera partidos, su cabello y las uñas le crecian como si se estuviera alimentando normalmente, sus músculos no estaban tan atrofiados como para llevar en ese sitio ya 10 meses.

Esto ocurrió en 2005 y a mediados de 2006 el niño buda simplemente un día desapareció. Se dice que los curiosos no lo dejaban en paz y decidió cambiar sumeditación a otro sitio más seguro, ya que la familia temía por su seguridad en campo abierto. Fuera verdad o fuera mentira la verdad lo que asombra es la fe que tienen algunas personas.

Yo confieso haber perdido mi fe hace muchos años, trato de enocntrar en algo lo que me haga creer de nuevo en que hay algo más allá de la simple raza humana tan egoísta y tendiente a la maldad.

2 comentarios:

el socio de pau llanes dijo...

Cree en lo que te digo... ¿Por qué no?

Dorn dijo...

Socio, creo en que volveré a creer alguna vez en algo.